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  • LA DISCIPLINA EN LOS INSTITUTOS: ASIGNATURA PENDIENTE

    3. LA DISCIPLINA EN LOS INSTITUTOS: ASIGNATURA PENDIENTE

    Tomemos los datos de un instituto al azar, de 900 alumnos, 350, son del primer ciclo de la Eso; ha habido 94 expulsiones, 657 envíos a aula de incidencia, y 1777 partes de incidencias. El estudio comparativo de disciplina, respecto a hace dos años, manifiesta una mejora muy significativa, donde hubo 3500 partes y 189 expulsiones. Prácticamente la totalidad de partes y expulsiones corresponden a alumnos de la Eso, y en su mayoría a alumnos del primer ciclo.
    La bajada tan espectacular de partes y expulsiones, se debe entre otras cosas, a que el instituto en cuestión, es centro TIC, desde hace año y medio, con las muchas ventajas que esto conlleva, y que aún no han llegado a optimizarse.

    Los datos académicos, referidos a 1º y 2º de ESO, arrojan el siguiente balance: un 25 %, aprueban todo, siendo un 50%, los alumnos con 4 o más suspensos. Estos son resultados de junio, ya veremos, qué pasa en septiembre, ya que la recuperación, este año, y por decisión del claustro, se ha dejado para septiembre, así el alumno no tiene excusa, y tiene más tiempo para estudiar. Recordamos que el año anterior, había una única propuesta, por parte de las autoridades académicas, de hacer los exámenes o evaluaciones, extraordinarias, en el mismo mes de junio, una o dos semanas después de terminar las clases, que la mayoría, de los profesores, veíamos con recelo; luego los resultados, confirmaron nuestras predicciones, y este año, se nos ha consultado, aún a sabiendas, que tampoco es una solución definitiva, es posible, que sea mejor que la anterior. Y así ha sido, ya que ha habido, un ligerísimo aumento del rendimiento de los alumnos en las pruebas extraordinarias de septiembre, en relación a las del año anterior.
    En vista de los resultados académicos y de disciplina, analicemos los hechos.

    DISCIPLINA:

    Los datos anteriormente señalados, nos parecen excesivos. Veamos, ha habido en un año 3500 partes de incidencia, bajando esta cifra dos años más tarde, a los 1777 del último curso.
    El principal problema es la masificación: hay demasiados alumnos por aula, demasiadas grupos por profesor, lo que dificulta la comunicación, produciéndose una despersonalización. El profesor, si el alumno se pasa, no dudará en ponerle un parte. Lo ideal sería que él mismo, hablará con el alumno, para evitar que se repitiese la misma situación agrandada, y también con los padres, si fuera necesario, para llegar a acuerdos. Podría escribir una nota de comunicación a los padres, en el mismo cuaderno de la materia que imparte al alumno, que trajera firmada por el padre, en la próxima clase.
    El profesor también podría, por el mismo procedimiento anterior, citarse con los padres y el alumno, cuando a los padres, les viniera bien, para repetimos, evitar llegar al parte de incidencias.
    Antes de llegar al parte, tendría que haber negociado y renegociado con los alumnos conflictivos, dentro y fuera del aula, acuerdos mínimos por escrito. Aislar al alumno, dentro del aula, puede hacerle reflexionar, y echarlo al pasillo, bajo la supervisión del profesor que lo ha echado, puede ser un recurso, temporal, que tranquilice al alumno. Todos ellos, son recursos previos, al parte de incidencia, que podrían aplicarse, a nivel preventivo, si los profesores no estuvieran tan agobiados por tantas clases numerosas y conflictivas.
    En los decretos de evaluación, se nos dice que “la función docente, conlleva la acción tutorial”. Esto traducido a lenguaje cotidiano, supone, que el docente, que imparte una materia, es el máximo responsable de lo que ocurre en su clase, y no puede eludir esta responsabilidad, echando balones fuera.
    Haciendo partes, con tanta alegría, o expulsando a los alumnos, fuera de su aula, al aula de incidencias, no olvidemos el dato, 657 envíos a dicha aula, quizás pone de manifiesto, su incapacidad, para dar una respuesta educativa a esos alumnos.
    Podrá argumentar que hay alumnos, que no quieren dar clase, y que a nadie se le puede obligar contra su voluntad, a educarse, por lo que, para permitir que se respete, el derecho a la educación, de los que sí quieren estar en clase y aprender, opta por la opción menos mala.
    Tiene razón, al expresarse de esta manera, pues él no tiene la culpa de que algunos alumnos, bastantes según el curso, no quieran recibir clases.
    Tampoco es su problema, analizar las causas, familiares, ambientales, legales, administrativas..., que propician esta realidad. Su problema es dar clases a los que quieren aprender.
    Lo malo es que la realidad, le explotará delante suya, y le salpicará; por lo que si quiere no ser tan víctima de esta situación, bueno será que empiece a analizar la misma, para intentar comprenderla, y procurar al menos limpiarse, porque una cosa es segura, quiéralo o no, acabará “manchándose”....
    Es de destacar, que los partes de incidencia, se ponen en su mayoría, por los profesores en el transcurso de sus clases. Es decir, tienen que parar la clase, o esperar para el final, y rellenar un parte, donde además de poner nombre y curso del alumno, hora en que ocurre, señalan el tipo de falta, que el alumno ha cometido, pudiendo también hacer, si lo estiman conveniente, una descripción de los hechos. Han de firmar el mismo y entregárselo al conserje, para que a la mayor brevedad, dé una copia al tutor, pasando el original a jefatura de estudios, donde se archivan.
    El tutor, hablará con el alumno y hará llegar el parte a los padres de éste, a la mayor brevedad, invitándoles a que acudan al centro, normalmente en la hora de tutoría, donde si el profesor que puso el parte, está libre, puede aclarar lo ocurrido, para que los padres, llamen la atención, amonesten, o sancionen a su hijo, de manera que a ser posible, no se vuelva a repetir.
    Puede ocurrir también, que para que no transcurra mucho tiempo, entre la falta cometida, y las consecuencias de la misma, entiéndase, información a los padres, para que éstos además de informarse, tomen conciencia del asunto, y se impliquen, para evitar males mayores, el profesor que realiza el parte, llame por teléfono a los padres del citado alumno.
    Pero dado que un profesor, suele dar normalmente un mínimo de 5 cursos, que serian 150 alumnos, no suele llamar a los padres, por ser demasiados, y normalmente, las llamadas telefónicas, las hacen los tutores de los alumnos a quienes se ha puesto un parte de incidencia.
    Aquí, nos encontramos otro problema: la falta de inmediatez. Pasa al menos una semana, entre que el alumno comete la acción no deseable y que los padres, vengan a hablar con el tutor.
    Algunos centros agilizan el proceso, de los partes de incidencia, con una hoja cuádruple, autocopiable, de tal forma, que una hoja quede en poder del titular que ha hecho el parte, que a su vez entrega otra en secretaría rápidamente, para que ésta la envíe, con acuse de recibo, para evitar falsificaciones y garantizar que llega a los padres del alumno, que en un día reciben notificación por escrito. La otra hoja, la entregan al tutor, para que aclare lo sucedido con el alumno, y pueda citar a los padres, si lo estima conveniente, y la otra la entrega en jefatura de estudio, donde se archiva y será tenida en cuenta, para decisiones que comisión de convivencia, estime pertinentes.¿Demasiado papeleo?...
    Algunos tutores con muchas tablas, sabedores de los beneficios de la inmediatez, pasan diariamente por conserjería, para ver si tienen partes, indicando a los conserjes, la conveniencia de que les entreguen los partes rápidamente. Inmediatamente, buscan al profesor que ha puesto el parte, para ampliar detalles, buscan al alumno, para que haga las alegaciones oportunas, cita a los padres por teléfono, para el día siguiente, normalmente en el recreo, que sabe, que los implicados, estarán libres y media en la confrontación.

    Esto supone una sobrecarga para el tutor, sobre todo si el grupo al que tutoriza es un grupo de los conflictivos, donde abundan repetidores desmotivados, apáticos, absentistas, objetores académicos..., y curiosamente en los institutos hay grupos que no tienen ni un solo parte, y grupos con 300 y 400 partes. De cómo es esto posible, y de los criterios de agrupamientos, que se emplean, ya tendremos tiempo más adelante, cuando hablemos de la prevención del caos...

    Sí, ha leído bien, pues lo que suele ocurrir en muchos casos, más se parece a un diálogo de sordos. El alumno, si respeta a los padres, en algunas ocasiones, negará los hechos, inculpando a otros compañeros, para no asumir su parte de responsabilidad; puede incluso alegar que el profesor que le ha hecho el parte, la tiene tomada con él.
    Los padres, tratarán de exculpar a su hijo, para evitarse el mal trago de tener que tomar medidas; el profesor que le ha hecho el parte, se sentirá indignado, porque lejos de obtener el agradecimiento de los padres, por ayudar a educar a su hijo, éstos parecen más inclinados a dar la razón al alumno, dudando no solo de la palabra del profesional, sino de su competencia.
    El tutor, intentará mediar para que haya un clima de mutuo respeto que facilite el entendimiento. Será tachado de corporativo, por los padres, al creer ciegamente a su compañero, que además ha tenido la buena disposición de acudir a la cita, para aclarar lo que hiciera falta, tal y como se contempla en el *Rof. El tutor, no se dejará confundir, por los intentos de manipulación del alumno, que
    intentará arroparse con los compañeros, con expresiones que cuestionen la forma de dar clase, de tal o cual, profesor, con argumentaciones del tipo: “pregúnte en la asamblea, en la hora de tutoría...”
    No le corresponde al tutor, juzgar ninguna situación, pero como conocedor de la trayectoria del alumno, porque recibe toda la información de los otros profesores, parece razonable que pueda mediar.
    Sin embargo, no nos parece no ya razonable, sino posible, estar constantemente mediando, en un grupo de alta conflictividad, de los de más de 300 partes, que suelen ser grupos de refuerzo de lengua o de matemáticas, donde se dan varias circunstancias extremas: más de la mitad, son repetidores desmotivados, con prácticamente todas pendientes de 1º eso, y quedándole casi todas las materias de 2º eso, en las respectivas evaluaciones; la otra mitad, casi en su totalidad, desea cumplir los 16, para así quedar liberados de la “condena” de estar obligados a permanecer de aquella manera en los institutos; es decir, van al instituto porque les obligan, dado que si no van, los tutores les piden la justificación, y si no justifican las faltas, mensualmente dan parte, a los servicios sociales, quienes realizarán una visita a los domicilios.
    Cuando haya más de un número limitado de ausencias sin justificar, antes era a partir del 5º día, con lo que el alumno, podía acumular hasta 30 horas de faltas a clase en el mes, de tal manera, que se veían grupos de alumnos, por el patio, que no asistían a una clase, los llamados “objetores académicos”, que además de molestar, a los profesores de E. física, increpando a sus alumnos, se liberaban de soportar aquel “profesor plomo”, y liberaban al resto de compañeros, de su molesta presencia, pudiendo por fin, dar la clase, a los que habían decidido quedarse.
    Esto ocurrió, hasta que los profesores de guardia, tomaron consciencia de que tenían que vigilar, o controlar, mejor, hacer cumplir las normas, para que
    nadie confunda a los profesores, con vigilantes, y se llegó al acuerdo de que los alumnos tenían la obligación de estar en sus clases, y a éstas había que llevarlos, de “escolta”, pese a la resistencia de los alumnos, que no querían ir, y de algunos *Rof: reglamento de organización y funcionamiento que cada centro aprueba. profesores, que argumentando que habían llegado tarde, pretendían fueran enviados a la tan socorrida aula de incidencia, donde los profesores de guardia, se hicieran cargo.
    Claro que, ante la posibilidad de que el aula de incidencia, tuviera dimensiones de salón de actos, se convino enviar a dicha aula, sólo los casos realmente excepcionales, es decir, cuando la situación fuera insoportable.
    Así las cosas, y a pesar de los profesores más solidarios, que desean repartir su carga, para que todos compartamos, sus “marrones”, en el aula de incidencias, no parece que en general se esté abusando de la misma, exceptuando contados casos.
    En defensa de éstos, y para que nadie piense, porqué no son tan solidarios, al final de mes, repartiendo el sueldo, de la misma forma que reparten el trabajo, hay que hacer notar, que cuando uno tiene que vérselas con 4 o 5 grupos de alumnos de los llamados conflictivos,con una media de 30 alumnos,por grupo o más,entonces te quedas sin argumentos y sobrevives,de la mejor manera que puedes. Eso sí, te acuerdas de los responsables en política educativa, que propician estas situaciones, del jefe de estudios, que te ha asignado esos grupos, ¿porqué a mí?, te preguntas, sin encontrar respuestas convincentes.
    Recordamos que los profesores de Música, E. física, Dibujo, religión, pueden tener entre 9 y 12 grupos diferentes de alumnos. Pensar que te puedan caer, 4 o 5 grupos, de los denominados conflictivos, no es ninguna exageración. Hasta no hace mucho, en 2º de eso, la mitad del curso se daba música y la otra mitad dibujo. Los profesores de estas asignaturas, tenían que pasar por todos los cursos de 2ª de eso, poco más de un cuatrimestre. Apenas podían conocer a los alumnos, lo que da idea, de que los que esto dispusieron, tenían muy claro, que lo importante no son los alumnos, sino la materia.
    Pero volvamos a la tutoría. En muchas ocasiones, su mediación surte los efectos deseados. Pero cuando los niños abiertamente, no respetan la autoridad de los padres, y son éstos los primeros que vienen a quejarse de sus hijos, diciendo lo mal que se portan en casa, lo desobedientes, desordenados, indisciplinados, agresivos, peleantes, mentirosos..., que son, y piden ayuda, para ver cómo les pueden educar, porque se les han ido de las manos..., la situación a éstas alturas, se convierte en difícil de reconducir, al no haberse puesto los medios con anterioridad.
    Algunos padres se quejan de que ya no pueden con sus hijos, estamos hablando de alumnos de 1º ciclo de eso. No les hacen caso, temen por lo que pueden estar ingiriendo, dadas las amistades que frecuentan. En ocasiones, hay un maltrato hacia la madre, mediante continuas faltas de respeto, descalificaciones, insultos, advertencias, amenazas de todo tipo, verbales y con intimidación física..., que suelen silenciarse por parte de ésta, no las vaya a cumplir, y el “maleducado” acabe fugándose de casa, o haciendo cualquier brutalidad, que pudiese lastimar no solo objetos, sino personas alrededor.
    Cuando las cosas han llegado hasta aquí, ha habido una historia previa, acompañada de frecuentes periodos de absentismo, ya desde el último curso de primaria, conflictividad escolar, con llamadas de atención a los padres, silenciadas a veces, por evitarse un mal rato, o abiertamente ocultadas por el propio alumno. Ha podido haber alguna expulsión temporal del centro..., por alguna falta grave de respeto, o por acumulación de partes.
    La mayoría de los padres, de estos alumnos, que son expulsados, lo que viene demandando del centro, es que les den una solución, pues la expulsión no resuelve la problemática de estos alumnos, ya que muchos de ellos, lo que desean es ser expulsados, así, no estarán obligados a permanecer en el centro, con lo que se liberan temporalmente del “secuestro legal”.
    Durante el tiempo que permanecen expulsados, en general, gozan de más libertad para salir de casa, pues las tareas, que se les dan para que las hagan durante su periodo de expulsión, y no pierdan la conexión con el centro, al carecer de interés, para ellos, no las suelen hacer, entre otras cosas, porque lo normal, es que el padre y la madre, salgan de casa, a trabajar, y no van a obligar a alguien que se niega en su presencia, mucho más en su ausencia.
    Así que, la mayor preocupación de los padres, no es que hagan los deberes, para que luego puedan reintegrarse al aula ordinaria, sino el hecho de que su hijo pueda estar en la calle, las amistades con las que se junta, el no saber qué pueden estar haciendo, consumiendo...etc.
    Estas bandas callejeras de menores expulsados, absentistas, empiezan a cometer pequeños delitos, hurtos, gamberradas, y comienzan a ser un pequeño problema para la policía y para los jueces de menores, que intentan por todos los medios, meterlos en los institutos; allí es donde deben estar, tal y como dice la ley, aunque sea a la fuerza, con tal de que no estén en la calle..., “balones fuera-torpedos dentro”.
    Y así es, estos alumnos, a su regreso a los institutos, buscarán la forma de que los vuelvan a echar, no sin antes, haber hecho de las suyas: destrozo de sillas, mesas, puertas, cisternas, lavabos, azulejos, paredes, tablones de anuncios, cerraduras con silicona, quitar teclas de ordenadores, pintadas...etc., además de las faltas de respeto a sus compañeros, profesores, manifiestas en burlas, amenazas, insultos...etc.
    Esta ha sido parte de la realidad de los institutos, que más o menos silenciada, por unos, manifiesta por otros, ha sido el pan nuestro de cada día, en los últimos 7 años, desde que los alumnos pasaran masivamente de los antiguos colegios a los IES.
    En las zonas rurales, la problemática se atenúa, entre otras cosas, por no haber problemas de masificación. Las estructuras “macro centros”, de muchos de los actuales Ies, no responden a modelos de calidad en la educación, sino más bien a criterios economicistas.
    Por otra parte, hay mayor proximidad y contacto en la relación educativa. Los maestros, que conocen al alumno, desde que entró en el colegio, no dudarán en juntarse con los padres, servicios sociales, si hiciera falta, familiares del entorno con influencia positiva sobre el alumno problemático, que suele estar más aislado, al no encontrar el eco, y complicidad de otros compañeros problemáticos, como ocurre en los institutos.
    Además el tutor del alumno, seguirá con el mismo, durante el ciclo de la eso, con las ventajas ya comentadas de la continuidad, a la hora de establecer estrategias conjuntas con los familiares.
    Otra ventaja de las zonas rurales, es que allí, no hay tantos especialistas. Un alumno de 12 años no tiene 10 o 11 profesores diferentes en el mismo curso. Va a tener 4 o 5, que lo van a conocer bien, y a los que el alumno, conoce y respeta desde que era pequeño. Si la mayoría de esos profesores, han estado en este tramo de edad, 12 -16 años, durante toda su vida, en la antigua 2ª etapa de EGB, o el ciclo superior, que se llamó después, entonces, el éxito está más que garantizado.
    La escasísima conflictividad de éstos centros rurales, prueba lo anterior, como también han podido constatarse en los institutos, el bien hacer, de los pocos maestros y profesores especialistas de la antigua EGB, que se integraron en los Ies, que tenían una amplísima experiencia, de más de 20 años, en el trato con adolescentes.
    Lástima que fueran tan pocos, los que pudieron integrarse a los Ies, ya que se limitó su número, desaprovechando la pericia, fruto de la experiencia y sabiduría, que dan las tablas. Los primeros años fueron escandalosos. Se echaron en falta, a los maestros y profesores con especialidad, que sabían trabajar con la adolescencia, y que lo habían hecho durante casi toda su vida, con resultados mucho más eficaces, que los que hoy estamos teniendo, en educación.
    Pero, se apostó por un intento de “bachillerizar la eso”, y aunque la intención, a priori, no era mala, se pretendía que los alumnos tuvieran más nivel en las distintas materias, y todo el mundo sabe, que cualquier profesor de instituto, en su materia, es una autoridad, muy superior a cualquier maestro o profesor especialista de la antigua EGB.
    Se pensó, que dichos profesores licenciados en su materia, podrían transmitir con más pasión y entusiasmo, el gusto por aprender ésta, y así los alumnos quedarían “enganchados” para seguir avanzando, ya que las semillas que se habían plantado, eran de la mejor calidad...
    Sin embargo, no se tuvo en cuenta, el “terreno”, ni a los que conocían el “terreno”, porque lo habían estado labrando muchos años.
    Pero volviendo a los institutos, hay que apuntar, en honor a la verdad, que la mayoría de los profesores de instituto, están haciendo un esfuerzo enorme, por intentar desesperadamente dar clases, a quienes, al parecer, no están dispuestos a recibirlas.
    Esto provoca frustración, desaliento, desánimo y gran pesar, en estos excelentes profesionales, que sienten estar perdiendo el tiempo, al ver un público tan poco receptivo. Ha habido excelentes catedráticos de instituto, intentando sembrar en 1º de eso, porque pensaban que si se ponían unas buenas bases, luego todo iría mejor. Algunos lujos, no se saben aprovechar, cuando uno es muy joven, y los alumnos de 1º de eso, en su mayoría, con su atención por las nubes, no sólo no valoraron lo que estaban recibiendo, sino que además, algunos se permitían faltar al respeto, a tan ilustres personas.
    Y es que, no está hecha la miel, para la boca del asno, o quizá mejor, cada cosa, a su tiempo. Esto lo entendieron rápidamente los catedráticos, que además de ser excelentes en su materia, suelen pensar, que quizá el público de 1º de eso, lo que necesite prioritariamente sean “domadores”, que obliguen con paciencia, a dominar la atención, para fijarla en el cuaderno, encerado, explicación, ordenador, y no han vuelto por aquellos derroteros.
    La palabra domador, suele aplicarse a aquellos profesores, capaces de dar clase, en los grupos tipificadas por algunos de imposibles, por el ganado que allí está encerrado. En términos taurinos, podíamos sustituir domador por torero, porque hay que dar buenos capotazos, saber cuando no entrar al toro, y ser un buen artista, para sobrevivir casi sin rasguños, de tamaña proeza, y lo más increíble de todo, es que suelen torear sin partes de incidencia, ni expulsiones al aula de incidencia. ¿Tendrán poderes para amansar al personal que hay allí?, o será que saben ¿cómo castigar si es necesario?
    En primer lugar sólo castigan en el caso de que otras técnicas no hayan sido efectivas, como el refuerzo positivo a comportamientos incompatibles, extinción, saciación, entrenamiento discriminativo, control de estímulos...,es decir, que el mal que se impide castigando, es superior a las consecuencias negativas que siguen del castigo.
    Castigan el comportamiento, no a la persona, para evitar comprometer las relaciones interpersonales.
    Especifican claramente qué comportamientos, y en qué condiciones van a castigarse, a fin de que el alumno conozca qué es lo que debe evitar, y qué consecuencias tendrá no evitarlo. El alumno ha de asociar el estímulo punitivo con el comportamiento inapropiado, para poder inhibirse, o “cortarse”, mejor autocontrolarse.
    Es conveniente que la aplicación del castigo sea lo más inmediata posible. Mejor castigar cuando empieza a portarse mal, que esperar a que realice toda la fechoría, y castigar después, o esperar varios días.
    Es necesario que el alumno perciba como castigo, la aplicación del estímulo punitivo, no como premio, como cuando a uno lo liberan de la clase, y lo envían al aula de incidencias. Además es conveniente que el castigo, guarde alguna relación con la falta cometida, en el caso de envío al aula, sería con una tarea específica, en relación a la materia que se esté trabajando, aunque el envío al aula de incidencias, debería ser excepcional.
    Es mejor retirarle algún beneficio, y variar el tipo de castigo, para evitar que pierda efectividad, por lo esperado y familiar que le pueda resultar.
    En cuanto a la intensidad, es necesario que se aplique desde el principio, el nivel máximo, con el objeto de impedir su habituación. Siempre ha de relacionarse con la gravedad de la indisciplina.
    Conviene antes de castigar indicar al alumno, lo que se espera de él, es decir, insistir en las posibles alternativas al comportamiento castigado. Con el castigo, el alumno sabe lo que no debe hacer, por ello, hemos de insistirle en lo que se espera de él, en lo que debe de hacer, para no ser castigado.
    Hemos hablado del castigo, pero en realidad preferimos hablar del refuerzo positivo de los comportamientos alternativos, a los que producen castigo, con el fin de potenciar las consecuencias educativas positivas, de las conductas deseables.
    Si reforzáis cada avance, si con vuestra atención, sorprendéis haciendo algo bien, a un alumno “difícil”, no dudéis en elogiar, animar, su conducta, pues con ello, conseguiréis, que este tipo de comportamiento aparezca más a menudo, y quizá desaparezcan las conductas disruptivas, que sólo pretendían llamar la atención, y fastidiar un ratito...
    Lo de obligar, suena muy mal, en un tiempo, donde todo son derechos, y escasas las obligaciones. Afortunadamente, esta tendencia se va corrigiendo y ya empiezan a equipararse los derechos y las obligaciones. No obstante, cuando uno solo ha oído hablar de sus derechos, cuesta entender que también tenga obligaciones, y esto lo saben muy bien los adolescentes, que pretenden derechos de mayores, libertad de horarios, etc., pero para trabajar, o tener obligaciones, son menores.
    Por otra parte, alguno de los ideólogos de la Logse, promotores convencidos de su bondad, cuando han regresado al tajo, de docentes, y se han topado con la triste realidad, no han tenido más remedio, que reconocer públicamente, que esto no es lo que soñaron, cuando diseñaron la ley, y han acabado, jubilándose anticipadamente, o volviendo a otros menesteres, menos frustrantes y más tranquilos.
    Pero qué pasa, para que un niño de 12 años, que ha tenido una escolaridad normal en primaria, puede que con escaso entusiasmo por las tareas académicas, alguna que otra llamada de atención para que mejore su conducta, con escasas faltas a clase, como mucho en el último curso, algunas faltas no justificadas en el peor de los casos, pero que nunca fue expulsado, cuando llega al instituto, se convierte en unos años, en un adolescente problemático...

    4. LA ENTRADA A LOS INSTITUTOS: 1º DE ESO

    Cuando los padres van a matricular a su hijo al instituto, suelen interesarse porque caiga en un buen grupo, a ser posible con los compañeros buenos que tuvo en primaria. A veces, en los institutos, no hay plazas, y los alumnos, han de optar por otros institutos, donde es probable, no coincidan con ningún compañero, del curso anterior. Lo que normalmente no suelen querer es que haya alumnos conflictivos, repetidores que puedan estar desmoralizados, y puedan influir negativamente a su hijo, y le puedan quitar las poquitas ganas, de estudiar que su hijo trae.
    Si el alumno, está propuesto desde el colegio, para recibir clases de refuerzo en alguna de las materias instrumentales, irá sin duda a los grupos de refuerzo de lengua, o refuerzo de matemáticas. En estos grupos, suelen encontrarse alumnos que han tenido una escolaridad en primaria, con déficit en alguna de las dos áreas instrumentales básicas, lengua o matemáticas, aunque lo más probable, suele ser que flojeen en ambas. Además en estos cursos, es donde más repetidores hay, dado que al fallar en los aspectos básicos, el resto de las materias, suelen cojear. Así nos encontramos, con clases de refuerzo, donde al menos 3/5, son repetidores, teniendo el resto alumnos una escolaridad deficitaria en primaria.
    Puede haber grupos, que lo forman repetidores de 1º de eso, alumnos que han sido propuestos para refuerzo de lengua, y otros alumnos que han sido propuestos para refuerzo de matemáticas.
    El grupo se separará en las 2 horas de refuerzo, yendo unos a refuerzo de matemáticas y otros a refuerzo de lengua.
    El problema que hay en este momento, es que no hay posibilidad de que el alumno, pueda recibir refuerzo de lengua, y refuerzo de matemáticas, que en la mayoría de los alumnos, van parejos.
    Esta carencia legal, en algunos casos se resuelve, haciendo un diagnóstico inicial, en las mencionadas áreas, y si se ve un desfase de nivel de competencia curricular, igual o superior a dos años, se integran al aula de educación especial, dependiendo de las disponibilidades de la misma, con lo que además de masificar dichas aulas, y “etiquetar” al alumno de necesidades educativas especiales, con lo que ello conlleva de carga psicológica para el alumno, le genera otros problemas de integración a su grupo ordinario.
    Normalmente un alumno adolescente, que nunca ha ido a especial, no desea ir, por grande que sea su desfase curricular, con lo que se atenta contra el primer principio de toda reeducación, que consiste en contar con la buena voluntad del educando, que quiera hacerlo. Para paliar esta deficiencia inicial, se les suele compensar, bajando exigencias curriculares, que casi les garantizan un aprobado en la materia objeto de reeducación, con la condición de que se porten bien, y hagan un poquito, por mejorar. Es evidente, que las aulas de E. especial, en los Ies, no tienen capacidad para acoger a todos los alumnos, que presenten los desfases curriculares de las instrumentales, ni que la supuesta adaptación curricular individualizada, nos parezca la mejor solución, al no haber claridad de mínimos, generando otros muchos problemas.
    El problema de horarios, ¿cuándo y cuánto refuerzo ha de hacer en aula de apoyo? ¿qué materias no instrumentales, se pierde parcialmente, totalmente? Si coincide el horario, y se pierde la materia instrumental, en la que precisa apoyo, la distancia respecto al grupo, aumenta en la medida, que el alumno, pronto aprende, que portándose bien va a aprobar la materia, con un “aci”, que le va a permitir promocionar, lo que supone un agravio comparativo respecto a sus compañeros, que buscarán la forma de ser también discriminados positivamente.
    El caso es que la administración, permite la existencia de grupos de refuerzo, y grupos donde los alumnos no dan refuerzo, a los que obliga a dar 2º idioma, en este caso, francés. Teóricamente, los grupos de refuerzo, cuando dieran el refuerzo de lengua, o el refuerzo de matemáticas, no podrían superar la ratio de 15 alumnos, para permitir adaptarse a los diferentes ritmos y capacidades de cada alumno. En la práctica, esto no es así. Los grupos de refuerzo, también tienen 3O alumnos más o menos, se nos dice, que por exigencias de horarios, con lo que los refuerzo, son un nuevo parche, a los que nos vamos acostumbrando, como a los típicos vaivenes de optatividad, itinerarios, promociones,...etc., que hemos padecido en los 7 últimos años, en la eso.
    En este momento y dada la situación en que vienen los alumnos a los institutos, en general, ni se está dando una respuesta que responda a los intereses de los alumnos, y mucho menos a sus necesidades.
    Si la administración creyese en el enriquecimiento que supone la heterogeneidad de alumnos, en un mismo aula, no estaría permitiendo ni que hubiera grupos, que dan de optativa francés, que a priori, suelen ser los mejores estudiantes, ni que los que tienen necesidades de refuerzo en las instrumentales, estuvieran en grupos aparte, y mucho menos que en éstos además de encontrarse la mayoría de repetidores, estén igual de masificados que los anteriores.
    El problema, es que no se pueden defender clases heterogéneas, cuando han de estudiarse asignaturas como inglés, matemáticas..., donde aunque todos teóricamente lleven los mismos años, estudiándolas, no se han hecho controles de mínimos, y mientras hay algunos estudiantes de idioma, que no saben más de 20 palabras, otros te entienden y casi hablan el citado idioma. ¿Cómo van a recibir las mismas clases, si sus niveles iniciales distan tanto?...
    Si hablamos de intereses, expectativas, las diferencias se acentúan más aún. Si se quisiera realmente atender a la diversidad, de alumnos, que entran cada año en los institutos, en la situación actual, el abanico de opciones habría que ampliarlo y adecuarlo preferentemente a sus intereses, capacidades, y expectativas.
    Lo que sucede es que quienes suelen tomar decisiones, están bastante alejados, del día a día, de los alumnos de la eso, y en educación nos jugamos demasiado, para dejarlo todo en manos de la buena voluntad...
    En la actualidad, si a un instituto entran 100 alumnos en 1º de eso, repiten unos 40 alumnos. De éstos, la mayoría o son de refuerzo o se les propondrá para refuerzo el próximo año. La repetición, va a serles útil, a unos 10 alumnos, que tomarán conciencia, de que hay que estudiar. Los otros 30, no harán gran cosa, sino aumentar su desinterés por los asuntos académicos. De éstos, al menos, 15 serán expulsados, varias veces, iniciando una escalada de apatía, desmotivación, absentismo, expulsiones, cambios de centro, en el 2º año de primero de eso.
    Puede haber alguno, que en este 2º año, no sume en total, 10 días de permanencia en clase, teniendo conocimiento de los mismos, asuntos sociales, que procurará meterlos en clase, para sacarlos de la calle, pero que no tardarán en ser expulsados, porque a éstos, hasta la fecha, el instituto, no los ha sabido enganchar.
    Como promocionan a 2º de eso, con la mayoría de asignaturas suspensas, después de haber repetido primero, tendremos más de lo mismo: faltas de respeto, agresiones, expulsiones, absentismo..., y así hasta que cumplan los 16, aunque para evitar tanta expulsión, suelen tomarse ellos bastantes días, siendo el absentismo, un mal menor, conocido y aceptado, que evita papeleo de expulsión.
    De los 1OO alumnos que entraron en 1º, 30 terminarán la Eso, sin problemas ni repeticiones. Otros 2O, llegarán a obtener el título de secundaría, teniendo alguna suspensa, o habiendo repetido algún curso. Quince o veinte, habrán llegado al segundo ciclo de la eso, pero arrastrando asignaturas instrumentales, o con algunas pendientes de 3º y 4º de eso, no obtendrán título de graduado en secundaría, pudiendo haber repetido en alguna ocasión. En 3º y 4º, la asistencia a clase baja escandalosamente, puede haber clases con una asistencia media de 12 -15 personas, como mucho, aunque haya 30 matriculados en el curso.
    Los que faltan son los que han perdido toda esperanza de sacar título alguno, cuya cifra está por un 35% , según zonas.
    Para evitar semejante situación caótica, la administración, por una parte va a ver si el alumno se anima y no repite si le quedan suspensas 3 o menos asignaturas; incluso puede obtener el título, aunque le queden 9 suspensos. Es decir, que si un alumno, tiene las sociales de 2º, 3º y 4º de Eso, suspensas no le cuenta como 3 suspensas, sino como una sola. Así, las cifras pueden cuadrar mejor, y en vez de tener un 50% de intitulados en graduado en secundaria, puede aumentar la cifra y llegar hasta al menos un 70% de alumnos, que pudieran obtener el título en secundaria.
    Bastante ha cedido la administración, al permitir que el alumno repita 1º de eso, ya que como es sabido, antes se promocionaba automáticamente, aunque tuviera todas suspensas, o el alumno hubiera sido un absentista, por faltas injustificadas, y es que a estas alturas, hasta los padres, se preguntaban, ¿cómo podía ser esto posible?....
    Por otra parte, la idea de ciclo, nunca cuajó en los institutos, por más que algunos maestros apuntaran las ventajas de la continuidad, que supone un mayor conocimiento e implicación...; la verdad es que la complejidad de los horarios en los “macro institutos”, la despersonalización consecuencia de estas estructuras, y la poca experiencia, en establecer relaciones más flexibles, proyectos educativos adecuados a la nueva situación, para muchos forzada, de tener que tratar con toda la población, en un tramo de edad desconocido..., eran demasiadas variables, que suponían un riesgo excesivamente alto, que lógicamente ha generado la difícil situación por la que todavía atraviesan los institutos...
    Y es que aunque se han acercado posturas, por una parte, es innegable el esfuerzo de adaptación que hacen diariamente los profesores; por otra parte, recuérdese, que la administración, pretendía inicialmente, dar el graduado a todo el mundo, por ello, suprimió la doble titulación. Antes, los alumnos, que no aprobaban todas, tenían el certificado de escolaridad. Hoy no le queda más remedio que aceptar las cifras y los hechos. A la vista de los datos, hoy lo que un alumno puede hacer al entrar a 1º de eso, es una de estas 3 cosas:
    1. Si no tiene lagunas en las materias instrumentales, elegir de optativa el 2º idioma: francés. Como además de francés, tendrá otras nuevas materias, como tecnología, bueno será que se vaya preparando para lo que se le viene encima, después del verano, y comience a repasar 15 o 20 días, antes de empezar el curso, los contenidos esenciales de Lengua, matemáticas, inglés, de 6º de primaria. Así, además de engrasar las neuronas, actualizará los mismos, para evitarse, males mayores. Como siempre, es mejor prevenir, sin agobiarse.
    2. Si uno es de los que ha ido tropezando en primaria, con las matemáticas, lengua o inglés, y además le gusta poco estudiar, pues que elija refuerzo de lengua, o refuerzo de matemáticas, la que tú creas, que se te da peor.
    Es probable que acabes repitiendo 1º de eso, pero te habrás librado de estudiar francés, ya que con el inglés, tienes bastante, aunque tú estás peleando con el español, o con las matemáticas. Ánimo, estudia y conseguirás mejores resultados. No te desmoralices. Si los libros, siempre han sido una pesada carga, lee lo que más te guste, “Harry Potter”, los deportes en el periódico, o revistas varias; repasa las operaciones básicas: multiplicación..., que te van a venir muy bien, cuando comiences las clases, así entrarás con buen pie...
    3. Si a ti, el colegio nunca te gustó. Te aburrías, en casi todas las clases, y lo único que te atraía del colegio, era el recreo, no creo, que te ilusione comenzar en el instituto. Has repetido en primaria, y te han quedado bastantes, porque a tí, lo de estudiar, como que no se te da bien, aparte que tampoco, lo has intentado mucho, y dices que te da igual repetir o no, tener título al final o no...
    Si vas a ir a la fuerza, porque te obligan tus padres, los asistentes sociales, que amenazan a tus padres, con denunciarlos al juez, o quitarles la ayuda familiar, si no te obligan a asistir, puede que este año, tengas mejor suerte, y te enseñen cosas que a ti, te pueden interesar. Además, está bien juntarse con los compañeros, ya sabes que por probar que no quede.
    Ojalá este año, te sorprendan, y ¿quién sabe, alomejor, hay ordenadores, y puedes aprender conectándote a internet?..., pero no te hagas ilusiones, pues no te van a dejar acceder a esas páginas, en las que estas pensando, sin embargo, es posible, aunque poco probable, que se “enrollen” en el instituto, y te atiendan respondiendo a tus intereses, necesidades y capacidades. En cualquier caso, puedes dejar de hacer el” golfo” e ir de legal, si te lo propones, porque tú sabes, que a la larga trae más ventajas...

  • ANALISIS DE LA SITUACIÃN EDUCATIVA ACTUAL

    1. ANALISIS DE LA SITUACIÓN EDUCATIVA ACTUAL

    Se dice con mucha frecuencia, que la educación es una tarea conjunta entre padres y profesores. En realidad, intervienen muchos más elementos: familiares, entorno, medios de comunicación,...etc. También es una tarea inacabada, dura toda la vida. En algunas culturas, hace falta una tribu, para educar a un solo individuo. Pero, ¿qué ocurre en nuestra sociedad en educación?
    Quienes tienen la responsabilidad de educar a sus hijos son los padres. Algunos padres, eludirán esta difícil tarea, argumentando además de tener poco tiempo, no estar capacitados; ellos no fueron al colegio, instituto o universidad, y los que sí tienen una formación adecuada, están muy ocupados, dado que ambos trabajan y casi no les queda tiempo para estar con sus hijos; mucho menos para educarlos, con lo que ello supone de esfuerzo, paciencia, disciplina, perseverancia...
    En fin, no están dispuestos a renunciar a su ritmo de vida, ni valoran el “sacrificio” como una cualidad; a diferencia de la generación anterior, que ya en su condición de abuelos, son los que en muchos casos, cuidan y “educan”, a sus nietos, desposeídos de la energía de antaño y con unos niveles de exigencia y permisividad desajustados; además, en algunas ocasiones, lejos de obtener el agradecimiento y reconocimiento de sus hijos, son el blanco de críticas, desaprobaciones en público, incluso delante de sus nietos, con lo que quedan desautorizados ante los mismos, en próximas actuaciones, por lo que eligen “pasar”, no mostrando la firmeza y convicción que las situaciones exigen , en la relación con sus nietos.
    Si a esto le añadimos, su necesidad de afecto, nos encontramos a niños capaces de manipular, someter, amenazar a adultos, en edades muy tempranas: “Se lo voy a decir a mi madre cuando venga, ahora mismo la llamo, te va a regañar, te va a echar...”, esto último lo suelen decir a cuidadoras.
    Hay otros niños, que han tenido la fortuna de ser atendidos por unos padres, abuelos, cuidadoras, conscientes de la importancia de la educación en los primeros años, a quienes todos deberíamos mostrarnos agradecidos.
    Así, cuando algunos niños llegan a educación infantil, a sus tres añitos, arrastran un historial de éxitos en sus “batallitas”, con los adultos, más vulnerables.
    Por no hablar de los intentos de manipulación a sus padres, especialmente a la madre, que algo culpabilizada por no haber podido darle toda la atención y afecto sincero que siente, no duda en compensar a su “indefenso tesoro” con todo tipo de juguetitos, para así, hacer un poco más feliz a su hijito del alma, por quién daría la vida , estaría dispuesta a matar, mucho más a abroncar a cuidadoras, abuelos, que sufren pacientemente , al pequeño aprendiz de tirano, mimado y consentido por su “mami”; el padre para no ser menos, y porque a su hijo no le falte de “na”, no dudará en obsequiarle con todo tipo de artilugios, de última generación.
    A edad muy temprana, algunos niños, están tan saciados, que no saben qué hacer para llamar la atención. Su frase favorita suele ser: “me aburro” “jo, qué asco”. Es evidente, que han conseguido todo, a cambio de nada. Los abuelos y demás cuidadores, le han puesto la “tele” para poder descansar de ellos, y se han tragado todo tipo de programas, de la llamada “telebasura”, con unos modelos a imitar, no precisamente adecuados su edad, de los que banalizan la violencia...
    Sus padres no tardan en regalar a cambio de nada, repito, video consolas, móviles, ordenadores con jueguecitos nada educativos, invitación a la violencia, cuando no a visitar al oculista, dada la enorme cantidad de horas que pasan inactivos, fijando la vista en estos aparatos...
    Podríamos seguir hablando, de los “tics”, gestuales y expresivos, que desarrollan, ante los juegos cibernéticos; diálogos agresivos, golpes, insultos..., que se ponen de manifiesto, cuando no obtienen lo que desean, evidenciando su escasísima resistencia a la frustración, ya que como todo lo han conseguido a cambio de nada, no valoran esfuerzo alguno.
    El portarse bien, no les aporta beneficio inmediato, por lo que no están acostumbrados a aplazar la gratificación, ni a regular o controlar sus emociones, ni su comportamiento. Luego esos tics, que nadie ha corregido, no vayamos a darle un mal rato, al rey de la casa, en ocasiones, con el tiempo, se convierten en trastornos de conductas y personalidad, impulsividad exagerada, que entra en conflicto con el entorno escolar, donde el niño, está obligado a convivir con los demás, a respetar unas normas, a tener unos límites...
    La madre agobiada porque a su hijo no lo entienden en el colegio, habla de la ineptitud de los docentes, que no saben adaptarse a su “prenda”, reforzando el comportamiento inadaptado de su hijo, haciéndole un flaco favor; al buscar la responsabilidad en el exterior, contribuye a perpetuar el problema.
    No estamos hablando del síndrome de déficit de atención e hiperactividad, que según algunos investigadores, obedecen a causas biológicas, debido a un funcionamiento inadecuado de dos neurotransmisores. No, nos estamos refiriendo a niños, que centran muy bien toda su atención, con las maquinitas, video-juegos...etc., y que no son objeto del citado síndrome.
    A estos niños, se les puede ayudar a resolver el problema, pues además de haber muchas causas, hay que reestructurar la relación familiar, proponiendo pautas de actuación educativas, que superadas las resistencias iniciales tanto de la familia, para asumir su responsabilidad e implicación, como del niño, lograrán superar la situación.
    No olvidemos que el niño ha estado insaciable, consumiendo, programas, juegos..., sin control alguno; se aburre en clase, porque allí no le dan, todo lo que pide, de ahí, que desatienda en clase, se muestre inquieto, impulsivo, nervioso, hiperactivo.
    Cuando los niños, crecen mimados y convencidos de que pueden obtener todo lo que desean, la escuela representa un brusco despertar, porque han de relacionar por primera vez en su vida, que para obtener cosas, buenas notas, respeto de los compañeros...etc., han de esforzarse en atender, estudiar, respetar a los otros...
    Con el tiempo, la madre que había sobreprotegido a su hijo, sufre las agresiones y maltrato de este niño “malcriado”, y pide ayuda al psicólogo, servicios sociales..., quienes ayudan a restablecer la situación, en el mejor de los casos. En el peor, a estos niños se les interna y aísla en centros especializados con, problemas de conducta y personalidad, siendo difícil reestructurar y normalizar la situación familiar, del “niño problema”. Recuerdo un reportaje en la tele, donde un niño de nueve años, que estaba en un centro de éstos, solo mostraba agresividad ante la madre, a la que golpeaba, tiraba objetos, insultaba, en el medio familiar, cuando el niño iba de fin de semana.
    El niño expresaba su rechazo a la madre, por su situación de abandono. La sobreprotección de la madre hacia su hijo, ocultaba un profundo sentimiento de rechazo hacia el mismo, a quién culpabilizaba de parecerse a su padre, en sus manifestaciones agresivas. La situación se estaba haciendo insoportable para ambos y difícil de solucionar. Pero las cosas, no ocurren de repente. Hay unos antecedentes, que nos van dando pistas, y en base a ellas debemos ajustar nuestra conducta.
    No pretendemos agobiar a los padres, culpabilizándoles por sus errores a la hora de educar a sus hijos: dar hábitos, valores, normas, desarrollar actitudes...
    Por cierto, hay padres que no se van a dejar agobiar, pues los valores antisociales, que ellos dan a sus hijos, como por ejemplo que está bien robar, chocan con los que desde los centros educativos pretendemos dar.
    Es sobradamente conocido que de padres iguales, salen hijos bien distintos. Toda la responsabilidad no es de los padres. También los hijos, tienen una muy importante capacidad de elegir y resultado de estas elecciones, se va conformando su carácter y personalidad, en interacción con el medio.
    Desde luego no vamos a olvidar el carácter socializador que tiene el grupo de iguales. Los hermanos suelen educar a los pequeños, en algo tan sencillo, como es el no considerarse el centro del universo, problema que suelen presentar algunos hijos únicos.
    Queremos desde aquí, animar a los padres, a que no tiren la toalla, en su encomiable labor. Todos cometemos errores, y a nadie le dan un cursillo para ser padres. Escuchamos a veces a algunos decir, que hagan lo que hagan, luego como en la sociedad, o en la escuela, los más mal educados, y “chorizos”, son los que sus hijos imitan, nada tienen que hacer, pues les tiran abajo su proyecto educativo.
    A veces, el desaliento y desánimo, se apoderan hasta de los más tenaces, pero no se rinden, y saben estar como padres, no como colegas de sus hijos, sino ayudando, comprendiendo, aceptando, pero también poniendo normas y límites; con derecho a equivocarse y rectificar, perdonarse y perdonar, porque además, consideran que lo más razonable es que ejerzan su responsabilidad de educar a sus hijos, y por ello, se interesan por el grupo de amigos, de sus hijos, desde pequeños.
    Luego, en los institutos, sabedores de la influencia del grupo, sobre los adolescentes, estarán pendientes, para que ésta sea lo menos perniciosa posible. Es muy importante que en esta difícil etapa, los padres se acerquen a menudo por los institutos, tomen conciencia de la realidad del mismo, hablen a menudo con los tutores y profesores, sobre la marcha de sus hijos, y participen activamente en los órganos de decisión, o al menos, acudan a las reuniones de los padres, para aclarar los criterios legales de agrupamiento de alumnos, y su posterior concreción de cada instituto, u otras consideraciones de su interés.
    Lo triste en los institutos, es que cada año cambian los alumnos de tutor, y de profesores, con lo que no se consigue profundizar en los acuerdos, que se toman, ni mejorar la calidad de la relación educativa, que exigiría más tiempo. De ahí, que apostemos por la continuidad de los tutores en los institutos. Es una pena, que siendo esta etapa tan importante, se diga que por problemas organizativos, no se puede dar la respuesta que demanda el adolescente, y los abandonemos a su suerte.
    Os advertimos, que al igual que nos sucedió a nosotros con nuestros padres, en relación al inevitable conflicto generacional, a ellos también les sucederá. Esto no debe llevarnos a frustración alguna. A los padres, los entendemos mejor, cuantos más mayores nos vamos haciendo. Es ley de vida.
    Hay algunos padres, que por temor a parecer autoritarios, o excesivamente rígidos, ejercen su paternidad de manera indolente. Son flojos para poner normas, amonestar, sancionar..., no vayan a traumatizar a sus hijos. Temen cometer los mismos errores, que sufrieron en su infancia, y son muy permisivos en sus relaciones con sus hijos. No es que sean flexibles, es que confunden a sus hijos, con un toque de pseudointelectualidad ambigua...(¿quién soy yo, para decirle lo que tiene que hacer, ponerle normas...? ). Luego, cuando la situación se hace insoportable, quieren arreglarlo todo rápidamente y de forma contundente, y esto no funciona así.
    Otros sencillamente pasan de sus hijos: que los eduque la calle, la escuela, la sociedad...; pero son muchos los comprometidos con su tarea y a quienes repito la sociedad agradece, porque hay un abismo entre un niño bien educado y un candidato a “niño -adulto problema”.
    Tengo un amigo maestro jubilado, que me dice, que desde que la mujer se incorporó masivamente al mundo laboral, y dejó el cuidado de los hijos, en los tres primeros años, los problemas de indisciplina en la escuela se han visto multiplicados.
    Naturalmente hay otros muchos factores, y no aboga porque la mujer deje de trabajar, pero no le falta razón, cuando acentúa la importancia de este tramo de edad; de ahí, que alguna de las sociedades más avanzadas, empiecen a regular ayudas, que incentiven una mejor y mayor atención a los niños pequeños, posibilitando el que algún padre pueda compatibilizar su trabajo con la no menos importante tarea de cuidar, disfrutar y educar a su hijo. También aquí, la picaresca, podría aparecer, de ahí, que la medida no se haya generalizado; aparte de la carga económica que dicha medida pudiera conllevar.
    Por otra parte las guarderías, que tienen personal cualificado, se nos antoja que puede ser la solución actual más efectiva, siempre y cuando su cobertura se extienda a toda la población, sin discriminación alguna.
    No está de más recordar que la mayor responsabilidad en educación, la tiene la administración. En este momento es obligatoria y gratuita, al menos teóricamente, hasta los 16 años. Parece un contrasentido, lo de la obligatoriedad, por eso de que a nadie se le puede obligar a aprender algo, o a educarse, contra su voluntad, y si no, que se lo pregunten a algunos alumnos y profesores de la ESO; los primeros se sienten “secuestrados”, los segundos “carceleros”. O a los padres de éstos, que son llamados al orden por asistentes sociales, jueces, etc., si no obligan a su hijo a permanecer en el instituto.
    Respecto a la gratuidad, hemos sufrido el negocio de algunas editoriales, cambiando de textos casi anualmente, sin acatar la continuidad de los mismos, durante un mínimo de 4 años. Hoy se han adecuado a la normativa vigente. La política de ayudas y becas, intenta llegar a la población más desfavorecida. Sin embargo, ha habido años atrás, políticas de discriminación positiva, con resultados mejorables. Se daban libros gratis anualmente, a algunos alumnos, que ni los aprovechaban porque no les interesaban, ni los entendían por la tristemente famosa promoción automática, ni los cuidaban, porque al ser gratis, no los valoraban.
    La alternativa a las editoriales, eran los bienintencionados maestros, que intentando adaptarse a los diferentes ritmos de sus alumnos, fotocopiaban, o creaban, a blanco y negro, incluso, con máquinas de fabricación casera, el material educativo. Otras veces, creaban fondos de libros, con los padres, que iban pasando de una promoción a otra. Esta última medida, todavía nos sigue pareciendo eficaz, y sigue vigente dada su operatividad.
    Afortunadamente, hoy la situación ha cambiado, y los centros disponen de medios mucho más avanzados. Es de destacar y elogiar, la apuesta por el futuro, que la administración educativa está realizando por modernizar tecnológicamente los centros de enseñanza. Buena prueba de ello, son los centros *TIC, que en general suponen una notable mejora significativa.
    En el párrafo anterior, he puesto centros de enseñanza y no de educación, por solidaridad con los más veteranos enseñantes de secundaría. Personalmente me identifico mucho más, con centros de educación. Sin embargo, en los últimos años, ha habido una persecución soterrada intelectual, por distintos medios, hacía los profesores de Institutos, que simplemente intentaban enseñar su materia, haciendo el trabajo, para el que se les había contratado.
    Un ejemplo de esto, lo escuché por radio, hace un par de semanas, en un programa de gran audiencia, donde un ilustre personaje en el ámbito educativo, a quién respeto y admiro, venía a decir: “que se vayan” de los institutos, los profesores que no acepten, que su principal tarea es educar, por encima de enseñar su asignatura. Me llamó la atención, el tono agresivo que empleó, nada habitual en él. Sé que es una persona muy ética y comprometida con la educación, con los valores, con la sociedad.
    Quiero pensar, que tuvo un mal día, por la forma de expresarse, y sobre todo, por su incapacidad para ponerse en el lugar de sus compañeros de instituto, que no son tan vocacionales como él, o sencillamente que piensan diferente. No
    olvidemos, que antes venían a los institutos, los alumnos que querían estudiar. Hoy estos profesores, han tenido que hacer el esfuerzo de adaptarse, a una situación completamente diferente a la que siempre tuvieron. Algunos se sienten “decepcionados” por la administración, pues la situación ahora es más difícil, sobre todo, cuando tienen grupos de la ESO, que no quieren estudiar. Desgraciadamente, se están jubilando excelentes enseñantes, que hubiéramos disfrutado unos añitos más, si se hubieran hecho de otra manera las cosas.
    Respecto a los profesores que ingresaron con la Logse y posteriores, ya saben lo que hay, o lo tomas o lo dejas. Este libro, puede ayudarte a tomártelo un
    *TIC: Tecnologías de la Información y Comunicación
    poco mejor.
    En los últimos años, hemos asistido a cambios legislativos reiterados y sin que se hayan contrastado suficientemente los resultados. Tras la ley General de Educación, vinieron los programas renovados, Lode, Logse, Loce, y ahora una nueva ley de educación. Creo que va por la quinta. Obedecen a los típicos vaivenes políticos, que cuando pretender instrumentalizar la educación, ponen de manifiesto, su escasa capacidad para lograr un gran pacto sobre educación, que
    perdure y transmita sosiego. Vaya pues, por adelantado, la primera sugerencia a
    los responsables en política educativa: MÁS SERIEDAD. Sería deseable que
    además de los profesores en activo, se tuviesen en cuenta las sabias opiniones de los docentes jubilados, a través de los Ceps, pues son los auténticos expertos en la práctica educativa...
    A continuación hacemos un recorrido por las distintas etapas de la enseñanza obligatoria, proponiendo tras un breve análisis de las mismas, sugerencias, propuestas de mejora, para padres, alumnos, docentes, y administración. Nos centraremos en la adolescencia, etapa difícil, que algunos hoy consideran como la reválida de la educación para los padres, ya que es en este periodo donde afloran los déficit y carencias educativas. Por supuesto, hablaremos de la ESO, de cómo prevenir problemas, y cómo solucionarlos.

    LA EDUCACIÓN INFANTIL (3 A 6 AÑOS)

    La entrada a la escuela de “los gigantes”, los niños de 3 años, lo viven con mucha ilusión, gracias a la hábil estrategia conjunta de madres y maestras de infantil, que van progresivamente acercando al niño, al centro, para que sus comienzos, sean tranquilos y nada traumáticos. Esta colaboración y proximidad entre entorno familiar-profesoras, se mantiene constante y diaria a lo largo de la etapa, y constituye una de las más importantes claves del éxito educativo en la educación infantil.
    Otra de las claves, es la relación afectiva con el niño, donde el amor de la educadora hacia el educando, se nota en cada interacción con él: las expresiones de cariño son frecuentes, cuando lo saluda, cómo le habla, acepta, comprende, anima, sorprende, al despedirse, cómo habla de él..., reforzando sus cualidades y corrigiendo con suave amabilidad y paciencia las cosas en las que puede mejorar. Es natural, que esto sea así, porque aparte del saber hacer, vocación, profesionalidad, pericia...etc., que cada uno de estos profesionales tiene, hay otra gran verdad: “del roce nace el cariño”. Y a estos simpáticos “enanos”, es muy fácil quererlos, sobre todo, porque además de ser “¿encantadores...?”, ellos te dan lo que tú les das, pero multiplicado por 15 o 20, si en la clase hay estos niños. (Mayor número, no es conveniente, por lo de tener una buena calidad en la relación).
    “A ellos, además de regalarte su ilusión por aprender, los ves cuando les explicas algo nuevo, con los ojos tan abiertos, que parece que se les van a salir. Te dan su cariño y confianza, siendo frecuentes las muestras de afecto”.
    No es extraño, que los docentes de infantil, sean los más valorados, con el transcurso del tiempo, por sus ex-alumnos, y es que los lazos afectivos unen mucho, aunque la vida separe...
    No quisiera dar una imagen idílica de esta etapa, pues sé, que los profesores acaban destrozados, tras la dura y agotadora jornada escolar. Hay que dedicar mucha energía, para que los niños, que vienen de un ambiente familiar en el que se consideran poco menos que el centro, empiecen a aceptar normas, tengan en cuenta a los demás compañeros, y vayan aprendiendo a esforzarse para aprender los conceptos básicos, adecuados a su edad y capacidad. Muchos de estos buenos educadores, siguen en casa, preparando trabajos, actualizándose..., y los mueve la ilusión por sus alumnos. Gracias.
    Sí, agradecimiento a estos profesionales, que cada día celebran algo nuevo, con la intención de enganchar a su público, y poco a poco, ir ayudando a todos los niños, además de aprender cosas nuevas, a convivir, especialmente a los niños “consentidos”, de los que hablamos anteriormente. Con su pericia, fruto de su experiencia, y conocimientos, consiguen que los niños desarrollen la autoestima y la heteroestima, previenen conflictos, y los resuelven, con unas normas muy claras, basadas en el respeto a uno mismo y a los demás, ponerse en lugar del otro...etc. Son unos excelentes mediadores, que a veces también se equivocan, como cualquiera. Saben mostrarse firmes y flexibles al mismo tiempo. Son perseverantes en la consecución de sus metas. Son reflexivos, y se preguntan cómo podrían abordar a este alumno en esta situación...
    Tienen un ojo clínico, capaz de detectar precozmente, disfunciones sensoriales, y otros problemas, que estimuladas y tratadas a tiempo, podrían subsanarse o corregirse.
    No se dejan agobiar, por trabas administrativas, exigencias externas, pues tienen muy claro, que harán lo mejor para cada uno de sus alumnos, en colaboración con los padres, dentro de lo posible.
    Son profesionales que además de cumplidores, están al día, abiertos a los cambios, nuevas ideas, avances, cursillos...

    PROPUESTAS DE MEJORA

    – Niños: La maestra no es un “hada”, aunque lo parece...
    – Madres-abuelas-familia en general: No os preocupéis, que vuestro tesoro más preciado, está en muy buenas manos. Sé que lo sabéis. Seguid cooperando con la maestra, escucharla con atención, y pensad en lo que os sugiere...
    Por cierto:”tratad a vuestro hijo como os gustaría que lo tratasen los demás”. Que vuestro amor no os ciegue, para no consentir, malcriar, mimar en exceso, y a la larga perjudicar a vuestro hijo.
    La sobreprotección, puede ocultar un sentimiento de rechazo a vuestro hijo, del que es difícil tomar consciencia. Existen muchas formas de “abandono”, todas ellas perjudiciales, para el adecuado desarrollo de vuestro hijo.
    – Futuros docentes de Infantil: preparse bien vuestra especialidad.
    Profundizar a nivel psicopedagógico. Os supongo una clara vocación, que os hará falta, para obrar la magia de calmar y reeducar a algunos de los niños, que presentan más problemas de adaptación. Por lo demás, la práctica y el trato con los compañeros más implicados, entusiastas, ilusionados, será lo que más os aporte. No olvidéis sonreír...
    – Administración: Felicitaciones por haberla generalizado, dada su vital importancia, al ser la entrada oficial en sociedad.
    . Sería deseable seguro médico y cobertura jurídica, antes de los 3 años, cuando se realizan las actividades de adaptación progresiva al centro, que tan buenos resultados dan, al evitar dolor innecesario, traumas, choques emocionales...
    . Dignificar la profesión de educadora en infantil, supondría darle la importancia que merece esta crucial etapa. Es por ello, que una formación inicial equivalente a una licenciatura, con una adecuada profundización en psicopedagogía, actuaría como un importante factor de prevención de problemas.
    Lejos está la trasnochada idea, de que sus estudios se limitaban a cortar y pegar, cantar y jugar.
    . Sería bueno dotar a todas las escuelas de infantil, de los medios necesarios, especialmente equiparar las zonas rurales y pueblos pequeños, con la ciudad.
    . Es conveniente que se haga una evaluación psicopedagógica, que tenga como objeto detectar tempranamente además de los problemas de aprendizaje, otras disfunciones de carácter y personalidad. Dicha evaluación debería realizarla el orientador de infantil, que como mínimo, hubiera trabajado en esta etapa, con atención directa y continuada, un mínimo de l5 años, para así, aparte de su formación teórica, (licenciatura en psicopedagogía), tuviese una buena fundamentación práctica. El citado orientador, además de evaluar, hará un seguimiento real, con atención directa e implicación tutorial de la problemática presentada, efectuando las actividades, ejercicios, correcciones, entrevistas, reestructuraciones,... que fueran precisas, para lograr la más pronta y posible recuperación de la misma.

    EDUCACIÓN PRIMARIA (6 A 12 AÑOS)

    Consta de tres ciclos; cada ciclo dura dos años. El alumno, pertenece al mismo grupo, hasta final de ciclo, momento en que puede repetir, si el tutor, lo estima conveniente. “Solo podrá repetir una vez, a lo largo de la etapa”.
    Este hecho, que se conoce con lo de “promoción continua”, es una de las cuestiones más polémicas, que explica en parte, la actitud, el desinterés, la apatía que muestra el alumno, a su entrada al instituto. Un niño, que sabe que haga lo que haga, sepa lo que sepa, se esfuerce lo que se esfuerce..., da igual, va a pasar de curso, las tiene todas consigo.
    “Esta materia, o profesor, no me gustan, paso de ella o él”. Si como mucho, puede repetir un año, pues no hay problema. Si repite en el primer ciclo, puede echarse a dormir, los otros cuatro años. Si repite en el segundo, ya ha pasado lo peor que le puede pasar. Si repite al final del tercer ciclo, ya casi preadolescente, que se preparen los maestros, compañeros, porque el pequeño “matón”, hará de las suyas.
    Lo ideal es que no repita, que estudie y se esfuerce, para además de aprender a respetar, adquiera unos conocimientos básicos primarios, que además de serles útiles en la vida, pudieran ser evaluables. Es decir, que sin agobiar al niño, éste pudiera demostrar mediante pruebas objetivas, al menos en las áreas instrumentales (lengua y matemáticas), que domina los conocimientos y destrezas básicas, para seguir avanzando con éxito en el siguiente ciclo. También podrían hacerse en el resto de las áreas, a medio plazo, dependiendo de resultados anteriores. Si esto no fuera así, convendría que repitiese, el tiempo que fuera necesario.
    Las pruebas habrían de ser igual, para todos, evitando discriminación alguna. Para evitar la repetición, cabría la posibilidad de clases de recuperación por la tarde, a aquellos alumnos, cuya evaluaciones trimestrales, así lo aconsejasen y mostrasen interés por mejorar. Así, sí estaríamos apoyando la integración. Lo de sacar a los alumnos, de su aula ordinaria, para ir a las clases de apoyo, o de E. especial, no parece que esté dando el resultado deseado, en muchos casos.

    Pero volvamos a primaria. ES MUY GRAVE, QUE NO SE ENFATICE EL VALOR DEL ESFUERZO. Esto ha sido desmoralizante, hasta para algunos docentes, quienes suelen esforzarse para que los alumnos, aprendan lo más posible, dentro de sus capacidades. Al ver que los alumnos, la familia, las autoridades educativas, mantienen una actitud laxa, respecto a esfuerzos, y exigencias, han dejado de luchar contra corriente y han acabado adaptándose a la triste realidad.
    Es lamentable, que algunos niños, vengan a los institutos, con tan bajísimo nivel cognitivo en áreas instrumentales, lengua y matemáticas. ¿No es preocupante, que un alumno, después de haber estado seis o siete años, no sepa sumar: 6+178+57= ? , ¿No es triste que al entrar al instituto varios cada año, se equivoquen en una resta, del tipo: 128-59= ? La tabla de multiplicar, para bastantes es asignatura pendiente, y la división, para muchos, algo que todavía no “pillan”.
    Se nos dirá, que para hacer estas operaciones, ya hay calculadoras. En unos tiempos, de relativismo cultural, se nos pretende hacer creer, que no vale la pena esfuerzo alguno, porque quizás mañana, éste sea inútil, ya que prima lo rápido y fácil. De ahí, la resistencia en los últimos años, a definir con claridad y sin ambigüedad, niveles mínimos de competencia curricular, en los distintos ciclos, a nivel general, trasladando la responsabilidad de realizar los distintos proyectos curriculares a los centros, que bajo el ropaje de dar mayor autonomía, se esconde el apocamiento para fijar, llegando a acuerdos, mínimos básicos comunes a todos los alumnos de un mismo ciclo en este país. En nombre de la flexibilidad, se deja al azar la conveniencia o no, de aprender unos contenidos u otros.
    Si hablamos de lengua, cuando a alguno le dices que lea un texto, se niega, para evitarse la vergüenza, de parecer torpes, ante sus compañeros, ya que cuando empiezan a silabear, señalar con el dedo, no faltan los “carraspeos”, de sus compañeros. Cuando escriben, la cantidad de faltas, y lagunas se hace notoria.
    Aquí, se nos suele decir, que para qué el alumno ha de esforzarse, en escribir correctamente, si ya hay programas informáticos, que traducen el lenguaje verbal a escrito.
    Estamos en absoluto desacuerdo, con estas objeciones, como la totalidad de los maestros, que pese a todo, se siguen esforzando, en interesar motivar, enseñar, a los alumnos, los mínimos para seguir construyendo.
    No obstante, quizás le debemos a la “autora de Harry Potter”, la afición por la lectura de muchos de nuestros alumnos, y consecuentemente el aumento de la capacidad de comprensión.
    Pensamos que los alumnos deben dominar las destrezas básicas de lectura, escritura, comprensión y matemáticas, cuando se inician en el instituto. Sin ellas, sus posibilidades disminuyen. Apostamos por hacer una misma prueba objetiva de 3º ciclo de primaria, para todos los alumnos, que fuera como la prueba final de primaria, que superada permitiera el acceso al instituto, con un mínimo de garantía.
    La cuestión, sigue siendo, cómo evitar que haya alumnos que están convencidos desde pequeños, que no llegarán a los niveles mínimos, y se esfuerzan mucho más en salirse con las suyas, que en afrontar los problemas de la lectura, escritura y cálculo. La prevención, es la asignatura pendiente.
    Sabemos que algunos de los que no tienen buenos resultados académicos, se debe a que no lo intentan, ya que piensan erróneamente, que aunque trabajen mucho, los resultados no van a mejorar. Cuando el docente, recalca, acentúa, enfatiza, la importancia de la relación entre los logros y el esfuerzo, el camino está a la mitad.
    En la medida que el niño, toma conciencia, e interioriza la relación entre su esfuerzo, y los buenos resultados que obtiene, como consecuencia del mismo, ya tenemos un alumno bien encauzado.
    En resumen, que si el niño descubre, que si se esfuerza, puede aprender, lo demás, habrá que irlo dosificando. La pena, es cuando descubre, que haga lo que haga, da igual, promociona lo mismo. Entonces, la relación entre su esfuerzo y aprendizaje, pasa a un segundo plano, centrándose en qué le conviene más, qué recompensas, gratificaciones a corto plazo, le interesan más..., y entonces bastantes eligen por la ley del mínimo esfuerzo.
    Pocos son lo que saben aplazar la gratificación, puesto que la recompensa posterior inmediata, es la misma: la promoción de curso; no hay casi aliciente añadido, si acaso, una pequeña letra, que en vez de ser PA, de progresa adecuadamente, del compañero que casi no se esfuerza, pasa a ser una triste D, de destacar. Uno se pregunta, para qué quiere destacar, y decide que para que nadie le ponga la etiqueta de “empollón”, más vale no destacar, y no esforzarse mucho, por lo de pasar desapercibido.
    Es esta triste realidad legal, con buenas intenciones, al principio, pero con resultados posteriores, que invitan a cuestionarse un cambio, la que se ha vivido en los últimos años. Pero seamos optimistas y valoremos los aspectos positivos de esta etapa.
    Una de las claves de lo pacífica que resulta la convivencia en los centros de primaria, sin duda, es la continuidad de los tutores, con el grupo de alumnos, a lo largo del ciclo, y a veces se prolonga toda la etapa, con lo que el conocimiento de la evolución y desarrollo de cada alumno, es exhaustivo, además de mantenerse estrategias conjuntas con las familias, para incidir positivamente sobre éste.
    Por su parte, el alumno conoce y respeta especialmente a su tutor. En menor medida, a los especialistas, siendo escasa la conflictividad en los centros donde hay continuidad, exceptuando casos puntuales, al final de etapa, que suelen resolverse, dando la carta de libertad, entre otras cosas, porque ya han repetido el año.
    Los maestros, conocen bien su trabajo y lo hacen adaptándose a las exigencias legales. Cuando al grupo al que tutoriza, llega el especialista, se dedica a atención directa a alumnos, “apoyando a otros grupos”, o sustituyendo ante ausencia de compañeros. Pero, ¿en qué consiste exactamente lo del apoyo?
    Que el maestro, va a otra clase, normalmente dentro del ciclo al que pertenece, donde sigue las indicaciones de otro maestro, para atender a los alumnos que necesiten reforzar, aspectos instrumentales básicos, fundamentalmente de lengua y matemáticas; también pueden convenir, sacarlos del aula, para hacer un seguimiento más individualizado de los mismos, con lo que éstos alumnos que salen, se acaban perdiendo el curriculum ordinario. Lo normal, es que permanezcan dentro del aula, cuando no tienen que sustituir.
    En realidad, los maestros de apoyo, dentro o fuera del aula, en horario lectivo, hasta la fecha, no han sido todo lo eficaces que se desearía, para integrar a los niños de menor nivel cognitivo.
    Están rellenando un horario, pues cuando no tienen que sustituir, entonces sí apoyan. Pero, no se dan las mejores condiciones para un apoyo eficaz, al no haber continuidad, conocimiento exhaustivo del alumno, implicación con la familia ; se nos ocurre, que en base a estas variables, el tutor, sería el mejor apoyo del alumno atrasado.
    Ello supondría, que cuando llega el especialista de música, idioma, religión y E. física, el tutor se encargara de los alumnos, que más déficit tengan en destrezas básicas, para subsanarlas. Como quiera, que todo maestro o profesor de la antigua EGB, ha estudiado música, educación física, religión o alternativa, podría hacer una adaptación, en colaboración con los especialistas, a sus alumnos, priorizando aspectos esenciales en esta etapa, sin olvidar que su cometido es recuperar a esos alumnos, que él bien sabe, son los más necesitados, en las destrezas básicas. El único problema, sería el inglés, que el tutor, si es de plan antiguo no habrá dado, entonces se daba francés.
    Tengo algunos sabios amigos, maestros jubilados, que con el debido respeto, me dicen que hemos trasladado el modelo industrial, de los especialistas, al ámbito educativo, y la escuela no es una fábrica de coches. Piensan que un maestro tutor, con una formación inicial sólida, que no descuide, conocimiento del inglés, nuevas tecnologías y la amplia formación de base, que siempre tuvo, el magisterio, daría una respuesta educativa, mucho más eficaz, que la que en este momento, se está dando, con tanto especialista.
    Tienen muy claro, que lo importante es la RELACIÓN que se establece, no solo con el alumno, sino con los padres de éste. Cuánto más tiempo estén, mayor será la influencia, compromisos mutuos a tres bandas, responsabilidades, niveles de implicación..., en fin todo iría mejor, no sólo en primaria, sino sobretodo en secundaría.
    Todos los docentes de primaria, que conozco, tienen muy claro que cualquier alumno es capaz de aprender, cuando cuenta con las herramientas académicas y personales adecuadas.
    Saben también, que cuando algún alumno, no consigue el resultado esperado, tras varios intentos, empieza a desmotivarse, por lo que tienen muy claro ir enseñando, paso a paso, adaptándose a las capacidades de cada uno, dentro de lo posible, para evitarles frustraciones innecesarias.
    Tratan a los alumnos con gran respeto, y crean un clima en clase, de seguridad, propicio para facilitar el aprendizaje. Son responsables y la mayoría, estaría por llegar a acuerdos, sobre mínimos cognitivos básicos en instrumentales, en los distintos ciclos de primaria, sin tener miedo a hablar de repetición, cuando no se superasen éstos, aunque prefieren pensar cómo prevenir la repetición, para evitar los efectos indeseables de ésta, en algunos alumnos.
    Claro que, por imperativo legal, el debate sobre la conveniencia o no de la repetición, en cada alumno en concreto, ha quedado resuelto, o cuando menos, muy limitado.
    Respecto a los profesores de E. especial, creo sinceramente, que en los centros específicos, donde suelen atender a los deficientes mentales, psicosis infantiles, parálisis cerebral..., y alteraciones más graves sensoriales y neurológicas, su labor es encomiable, contando con el reconocimiento y agradecimiento de toda la sociedad...
    En los colegios ordinarios, al ser de integración, los profesores de E. Especial, realizan su trabajo de manera dignísima, y normalmente con muchos menos medios y reconocimiento, que los centros específicos. Hacen las adaptaciones curriculares pertinentes, en muchos casos, con implicación tutorial efectiva, y responsables de que sus objetivos, tienen como finalidad apoyar a este tipo de alumnos para que puedan integrarse plenamente, sin limitaciones ni prejuicios.
    También suelen hacer revisiones periódicas y exhaustivas sobre el aprovechamiento y progreso que hacen los niños en su clase, para que puedan integrarse bien, cuanto antes al grupo ordinario, en la medida de lo posible.
    Con demasiada frecuencia, se tiene la impresión que el niño etiquetado de E. especial, sufre el estigma de ser señalado, diferenciado; pesa sobre él, tal maldición, que nunca vaya a salir del aula de apoyo a la integración. Si lo diagnosticaron a los seis o siete años, quedará con la marca hasta más tarde de los dieciséis. Y lo peor, es que se tiene la errónea convicción, de que nunca llegarán a dominar las destrezas básicas, como el resto de los compañeros. Una vez más, asistimos con gran pesar, a las profecías, que de tanto escucharlas, el niño, acaba creyéndoselas, y se cumplen.
    Otro error muy frecuente, es el trato de “guante blanco”, que estos niños, sin alteraciones sensoriales ni neurológicas reciben. Los sentimientos de “pobrecito”, no le podemos exigir más, es que no da más de sí..., son de un equívoco absoluto, al pretender compensar algunas carencias. Hemos visto alumnos que hubieran dado muchísimo más de ellos mismos, y habrían aprendido muchísimo más, si no hubieran tenido tanto “abogado defensor” bienintencionado, poniendo límites, o sobreprotegiendo, y se hubieran integrado al grupo ordinario, que corresponda, no según edad, sino nivel cognitivo, en áreas instrumentales.
    Claro que para qué van a hacer el esfuerzo, si al final, se consigue el título, o el aprobado, si vas de la mano de E. especial, total por un “aci” más o menos. Los niños con bajas expectativas, por lo general, eligen lo más ventajoso para ellos, y si les cuesta menos esfuerzo..., la decisión es más fácil tomarla.
    Somos partidarios, de no discriminar a estos niños. Han de superar las mismas pruebas de ciclo, que el resto de sus compañeros. Para ello, tienen los apoyos pertinentes y legalmente, pueden permanecer hasta un año más que el resto de alumnos en la etapa. Personalmente, excluiría limitaciones de tiempo.
    Lo cierto es que hay alumnos, que cuanto más acuden al aula de apoyo a la integración, más se desintegran de su curso, y esto aumenta a medida que van cumpliendo años. Así, hay algunos alumnos, que cuando llegan al segundo ciclo de la Eso, están completamente perdidos, sobre todo al asistir a alguna hora suelta de alguna asignatura.
    Las adaptaciones curriculares, en la práctica, se quedan en un compendio de buenas intenciones. Esto es una consecuencia, de no aplicar criterios claros y objetivos en la promoción de alumnos. En las reuniones de evaluación, los profesores de Educación especial, concluyen que el alumno tiene aprobado 2º de Eso, en matemáticas, aunque su nivel es de 2º o 3º ciclo de primaria, eso sí, le pondrán “Aci,” que viene a significar adaptación curricular individualizada...

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